SECCIÓN 224
Estás sólo en la llanura. Tu vista alcanza a ver sólo unos pocos pasos más allá de ti. Un moderado viento fresco sopla del noroeste, la dirección a la que te diriges. El paisaje en todo tu alrededor es un manto oscuro adivinándose de vez en cuando algún pequeño grupo de pinos o algún montículo menor, las únicas formas que reconoces sobre esta planicie que se extiende hasta el bosque de Táblarom al norte.
Sin descanso, avanzas siguiendo el camino del noroeste hasta que, de pronto, escuchas unos aullidos que retumban sobre el viento, el único sonido que perturbaba hasta el momento el silencio de la llanura.
Has escuchado historias de viajeros lo suficientemente locos como para viajar de noche en los llanos y que han sido pasto de los lobos y otras criaturas nocturnas. Decides acelerar el paso empujado por un golpe de adrenalina que se inyecta en tu sangre.
Sigue en la SECCIÓN 570.
Sin descanso, avanzas siguiendo el camino del noroeste hasta que, de pronto, escuchas unos aullidos que retumban sobre el viento, el único sonido que perturbaba hasta el momento el silencio de la llanura.
Has escuchado historias de viajeros lo suficientemente locos como para viajar de noche en los llanos y que han sido pasto de los lobos y otras criaturas nocturnas. Decides acelerar el paso empujado por un golpe de adrenalina que se inyecta en tu sangre.
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