SECCIÓN 66

Extracto de la conversación de los mercaderes…

- Al parecer se trataba de una modalidad de toxina insípida desconocida hasta la fecha y que los conspiradores habrían podido adquirir de manos de los inquietantes silpas de Héladar, cuyos barcos ya comenzaban a vadear las costas de Térragom por entonces – comenta un hombre.

- ¿Has dicho conspiradores? – pregunta el más joven de los comerciantes.

- Efectivamente Ronel – comenta el que lleva la voz cantante de la narración, un hombre de unos cuarenta años y de aspecto más leído, algo así como una especie de boticario ambulante, que inmediatamente prosigue – no olvidemos que Mexalas molestó a casas nobiliarias con mucho poder al optar por una línea continuista a la de su padre el Gran Emperador Críxtenes II.

- ¿Y qué es lo que tanto les molestó a esos nobles? – insiste curioso el joven comerciante.

- Cada cuestión que formulas obliga a remontarnos un tiempo más atrás. Podríamos encadenar preguntas hasta alcanzar el inicio de las Crónicas del Imperio Dom e incluso a las historias previas a su fundación, pero no creo que tengamos tiempo para tanto. Tenemos que llegar a Tirrus lo antes posible señores.

- Venga Tíbur, explícanos solamente el asunto de los conspiradores que acabaron con Mexalas por favor – dice con una sonrisa en la cara el joven mientras otros comerciantes asienten afablemente. El boticario prosigue pues su historia.

- Como os decía, amigos míos, Mexalas murió porque se generó enemigos entre las casas nobiliarias que pretendían revocar las reformas que el Gran Emperador Críxtenes II, su padre, había llevado a cabo. Todos sabéis que Críxtenes II fue el victorioso y enérgico Emperador artífice de la expulsión final de las terribles hordas Xún del Este que habían invadido el Imperio poniéndolo al borde de su extinción. Fue tal su gloria que fue encumbrado a los altares de los dioses fundándose así nuestra religión: el domatismo. El respeto y la admiración causados por este estratega gobernador hizo que nadie dudara de su liderazgo y que durante los años de su mandato se aplazaran las conspiraciones, intrigas, crímenes y traiciones que siempre han emponzoñado la Corte de Tol Éredom.

- Críxtenes el inquebrantable. Una gran suerte para el Imperio. – exclama el joven entusiasmado por la historia.

- Un hombre de armas tomar sí – continúa el narrador -. Bajo la personalidad y poder indiscutibles de Críxtenes II, el Imperio inició un profundo periodo de reformas que buscaban atajar dos graves problemas que venían amenazándolo: la presión de las naciones vecinas y la inestabilidad generada por causa de no existir una fórmula conveniente y eficaz para la transmisión del poder. Con sus reformas, intentó adaptar la administración a la nueva realidad del Imperio, así como hizo más racional la organización de los ejércitos a través de una reforma militar basada en el sistema de méritos en lugar del tradicional sistema jerárquico de castas o linajes nobles. Más adelante, las castas afectadas por esta reforma provocaron conflictos y contribuyeron al siguiente colapso imperial.

- ¿Son estos nobles afectados los que promueven la conspiración que comentabas? – pregunta el chico.

- ¡Correcto chico listo! No obstante, por el momento, bajo el mandato de Críxtenes II, el sistema de mando del ejército mejoró ya que los más aptos ostentaron los puestos de responsabilidad y nadie osó contradecir su liderazgo.

- Ahh… – el chico joven mira abstraído.

- En cuanto a la reforma fiscal y monetaria realizada por Críxtenes II, cabe destacar que con ella se logró que el Consejo de Tol Éredom fuera perdiendo buena parte de su influencia política. La disparidad de intereses de los propios miembros del Consejo no permitía que el sistema de recaudación evolucionara a la par del Imperio, que cada vez era más costoso de mantener debido al incremento de la burocracia y del ejército. Estos consejeros a veces no aprobaban nuevos impuestos que pudieran cargar propiedades privadas propias, con el consiguiente retraso para la totalidad del Imperio. Así pues, el Emperador dejó a dicho Consejo sin competencias en materia fiscal y monetaria ostentando él mismo dicha responsabilidad junto con un Consejo Económico privado que había creado para tal efecto. La recaudación de impuestos se hizo más efectiva en los diferentes territorios y además se crearon nuevas tasas porcentuales sobre las ventas y el comercio. Con estas medidas, así como con otras como el edicto sobre precios máximos que evitaba que los precios subieran sin freno dejando aún más empobrecidas a las clases bajas, Críxtenes II consiguió sanear la economía favoreciendo que el Imperio finalizase por fin su largo y penoso periodo de crisis económica vivido hasta la fecha y acentuado por la superada invasión Xún.

- Realmente fue un hombre increíble – comenta uno de los comerciantes, un hombre calvo con una barriga bastante pronunciada y ropajes sucios. Tíbur el boticario prosigue enseguida su relato.

- También cabe destacar la ley de embajadas por la cual se establecían sedes en los países vecinos para mejorar la diplomacia y las relaciones político-comerciales. Y todo ello sin olvidar la reforma agraria y la ley de la abolición de la esclavitud en los viejos pobladores, por la que los esclavos de tercera generación pasaban a ser mano de obra a sueldo libre de elegir nuevo señor o sujeta a la tierra trabajando para ellos mismos a cambio de una producción mínima.

- ¡Eso fue una medida muy justa! – salta uno de los hombres, muy delgado y de huesos finos, claramente un humano de la raza chipra.

El boticario mira al chipra con cierta condescendencia y sigue:

- Los sectores más pobres de la población como los chipras aplaudieron todas las medidas emprendidas por su Dios Críxtenes. Mientras tanto, las clases altas afectadas por las reformas no tenían el apoyo suficiente de nadie que pudiera refrendarles en una hipotética sublevación a cara abierta. Así pues, bajo el mandato del poderoso Críxtenes II todo se hizo a su manera… aunque en las sombras ya se estaban fraguando planes para ejecutar tras la muerte del “Emperador rebelde”… - comenta con una cierta dosis de suspense Tíbur.

- Pero tengo entendido que Críxtenes II se olía esa amenaza de conspiración y por ello creó un sistema sucesorio que impidiera los pronunciamientos y la anarquía tras su muerte arruinando su obra. – dice el comerciante gordo.

- Efectivamente Burt, hablas del Sistema de Herencia por el cual el primogénito varón es el que sucede al padre – contesta el boticario Tíbur.

- Y has dicho antes que Críxtenes II logró recaudar más impuestos – dice el mercader grueso.

- Correcto, para atender a los gastos originados por el aumento del ejército y la multiplicación de las provincias – dice Tíbur.

- ¿Y esto cómo pudo ser? El Imperio acababa de salir de una invasión extranjera terrible. ¿Hizo magia aquí también?

- Nada de magia amigo. La explicación es mucho más mundana. 

Este aumento de impuestos habría sido imposible sin un crecimiento de la producción y para lograrlo se “invitó” a los campesinos a cultivar las tierras abandonadas. Se les prohibió a ellos y a sus descendientes abandonar la tierra a cambio de su recién estrenada libertad y la emancipación del patrón. El cobro se hizo en forma global: una vez fijado su montante, el Imperio lo cobraba independientemente del número de personas que habitaban en cada unidad fiscal o territorio. De esta forma, se conseguía que fueran los propios campesinos los primeros interesados en que sus compañeros cultivasen la tierra y no la abandonasen, sabiendo que tenían que llegar al montante total igualmente aunque tuviesen menos efectivos.

- Fíjate cómo se las manejaba tu querido Dios, amigo chipra. No era tan santo como predicas – comenta incisivo el grueso Burt dirigiendo su mirada al delgado mercader.

El chipra está a punto de saltar irritado pero el boticario le para con un brazo y sigue contando:

- Con la recaudación de más impuestos, Críxtenes II a su vez pudo incrementar las filas mercenarias en el ejército, que pasaron a aumentar el número de tropas que defendían las fronteras del Imperio. Estas nuevas partidas se sumaron al ejército regular reclutado sobre todo de las provincias federadas, que debían aportar cada una de ellas un porcentaje distinto de hombres al ejército prefijado por Tol Éredom. La reforma militar de Críxtenes II, al incrementar las tropas ubicadas en las fronteras, permitió al Imperio sobrevivir sin problemas frente a cualquier amenaza exterior, superando así uno de los problemas que comentaba al principio. 

- Otra gestión impecable – comenta entusiasmado el joven, que en el último tramo de la conversación se había mantenido callado escuchando expectante.

- Así es, pero como a todo hombre el episodio de la muerte le debía sobrevenir. Críxtenes II murió muy longevo hace veintinueve años y, según su propia ley de Herencia, su hijo Mexalas le sucedió en el trono. Con el heredero comenzó un nuevo periodo convulso en el seno del Imperio Dom y acabó el periodo de estabilidad vivido con Críxtenes y conocido como la “Segunda Primavera de Domia”.

- Ahora entiendo el asunto de los aquilanos mucho mejor Tíbur – dice el joven Ronel, que inmediatamente explica a lo que se refiere -. Entonces, tras la muerte de Críxtenes II, accede al poder su hijo Mexalas. Los nobles afectados por las reformas de su padre exigen a Mexalas que las revoque, éste se niega, conspiran contra él y lo envenenan. Entonces proponen para el trono de Tol Eredom al sobrino de Críxtenes llamado Aquilán y culpan de la muerte de Mexalas a los de siempre. ¡Eres un magnífico maestro de historia Tíbur!

- Acusan a los hebritas cuando te refieres a los de siempre – apunta como inciso el mercader grueso.

- Correcto – comenta Tíbur el boticario. - Se trata de una maniobra para manipular el Consejo de Tol Éredom por parte de los golpistas (que tras la muerte de Mexalas y algunos otros consejeros, poseen la mayoría de votos de dicha asamblea). Así pues, la guerra civil estalla principalmente en los núcleos urbanos donde habitan hebritas, que son perseguidos a muerte por huestes improvisadas de civiles chipras y de gentes de los estratos bajos de la sociedad, fieles seguidores del linaje del Emperador Críxtenes II, a quien tratan como a un Dios. Los chipras, que tantos años habían sufrido las inclemencias de unos u otros amos, con Críxtenes II habían encontrado un líder venerable al que acabaron glorificando y tratando como una deidad llamada Domis. El alzamiento a las armas de los chipras coincidió con el verdadero nacimiento del Domatismo. En su doctrina originaria, incluía el exterminio en serie de la que consideraban la raza hereje, los hebritas, causantes oficiales de la muerte del hijo de su Dios. Incluirán posteriormente entre sus enemigos a muerte cualquier seguidor que abarque el Hebraísmo como fe o creencia.

- Vaya vaya. Entonces dices que, en sus orígenes, el domatismo es un arma en manos de los conspiradores para llevar a cabo sus planes- indica un mercader.

- Sí, pero acabará tornándose en un arma de doble filo, pues será precisamente esta devoción hacia el linaje de Críxtenes II lo que provocará el miedo en la facción golpista cuando toda la inmensa comunidad chipra se alíe contra ellos al descubrir su farsa. 

- Entonces así fue como el Hebraísmo acabó pasando, de ser la religión oficial del Imperio durante siglos, a ser un culto proscrito practicado solamente por hebritas y unos pocos. Todo por una farsa – remata el grueso Burt.

- Y eso no es todo. Con el pretexto de esta persecución intencionada y manipulada hacia los hebritas, el Consejo conspirador de Tol Éredom realizó fuertes expropiaciones, multas y castigos a las propiedades de los mercantiles hebritas, permitiendo así incrementar de forma considerable sus fortunas y poderes personales. Siempre actuando desde la sombra, nadie sospechaba de las maniobras ocultas de los conspiradores, que obtuvieron de esta forma lo que deseaban por medio de la manipulación y el encauzamiento de la ira del pueblo hacia sus rivales económicos históricos: los hebritas.

- Qué estratagema más inmunda– salta el chico joven.

- Y así es como hace veintiún años se dio por finalizada la guerra civil. Más del setenta por cien de la población hebrita del Imperio fue exterminada y sus propiedades confiscadas y repartidas a partes iguales entre el Consejo de Tol Éredom, el ejército y el pueblo. Con este reparto, los conspiradores ganaron el afecto de la facción militar y del pueblo llano; pero el Imperio se encaminaba hacia una grave crisis económica que más tarde sufrimos todos puesto que la estructura mercantil y comercial había sido reducida prácticamente a cenizas con la purga de los hábiles comerciantes hebritas. En este contexto, Aquilán (sobrino de Críxtenes II y uno de los máximos conspiradores) fue nombrado nuevo Emperador con el apoyo de todas las partes del Estado y gobernó siempre bajo la supervisión en las sombras de los conspiradores del Consejo. – comenta Tíbur.

- ¡Malditos impostores! – exclama el chipra.

- Con la siempre apariencia oficial de que ninguna reforma de Críxtenes II es eliminada (es más, se le había encumbrado al altar de los Dioses y creado una religión para tal efecto), el nuevo gobierno realizó progresivos cambios a lo largo de los años que permitieron, por medio de argucias, que el estado de las cosas en el Imperio regresara paulatinamente a los tiempos anteriores al periodo Reformista. – afirma el boticario.



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