SECCIÓN 11

La taberna, que también hace las veces de posada, está a rebosar de gente a estas horas. Un fuerte olor a cerveza tirrana y a carne a la leña entremezclado con una neblina de humo de pipa te envuelve nada más entrar. Dentro hace un calorcillo reconfortante que contrasta con la temperatura exterior, que ha comenzado a bajar gradualmente al acercarse el crepúsculo de este día de diciembre.

Ves bastantes clientes arremolinados en la barra a tu izquierda, donde el tabernero y sus tres jóvenes camareras trabajan a destajo para atender sus múltiples peticiones. En frente, al fondo de la estancia, unas escaleras ascienden probablemente a las habitaciones para los huéspedes de la posada. A tu derecha se extiende una amplia sala donde, en varias de las mesas, ves hombres de distinta procedencia que juegan a dados, apuestan y beben entre risas y gritos. Algunos van vestidos con sus uniformes de trabajo procedentes seguramente del barrio de alfareros y deduces que vendrán aquí habitualmente tras finalizar sus jornadas laborales. Junto a ellos ves a otros que seguramente no sean de este pueblo. Alguno incluso tiene la apariencia de ser guerrero por su porte e indumentaria. Finalmente, completan la escena otros de calado más bajo, quizás rufianes y gente de los barrios bajos en su hábitat natural que es la taberna. De estos últimos poco tienes que temer, te dices, ya que en tu miseria no tienes apenas nada de interés para ellos. Sigue en la SECCIÓN 20.