SECCIÓN 135
Extracto de la conversación que escuchas en la taberna…
- Malditos silpas. Menos mal que no he tenido la mala suerte de cruzarme con ninguno en mi vida. Dicen que son criaturas desconcertantes. Que son capaces de controlar las mentes débiles penetrando en ellas y que, a pesar de no tener ojos ni vista como nosotros los entendemos, son perfectamente capaces de ver a través de sus esclavos mentales.
- Debes añadir que entre ellos se comunican a través del oscuro misterio de la telepatía – dice el soldado, que inmediatamente continúa su exposición -. Lo más preocupante no es su traición, que ya es bastante contratiempo. Wexes contrata a centenares de hombres-esclavo silpas como mercenarios para batallar en Valdesia contra los aquilanos, los silpas le exprimen los recursos y, cuando ya no hay mucho más que ordeñar a la vaca, rompen el acuerdo e invaden Sífrex. Con tantos frentes abiertos como tiene Wexes no le queda otra que asumir la situación. Dicen que los silpas han colonizado importantes zonas del oeste de Térragom que estaban carentes de civilización. Ya no son una nación menor y remota en las lejanas y frías islas Héladar. Tienen la vista puesta en Térragom y el viento les sopla favorable.
- Bueno, dejemos a los silpas que se me eriza la piel. Estamos hablando de cosas que están pasando muy lejos de aquí. Por Tirrana tenemos otros quehaceres – indica el burócrata.
- Efectivamente tenemos otros quehaceres, pero no olvides que estamos inmersos en una gran guerra. El tonto bastardo de Lord Rudolf, señor de Tirrana, juró fidelidad a Wexes arrastrando así a todo nuestro país a este embrollo de situación.
- No te quejes por ello, que nuestros sacos se repletan de oro con esta guerra jaja – alega el burócrata.
- Visto así es verdad. El caso es que, por acabar con el estado del frente en Valdesia, al parecer Tallarán y Tarros apoyan en la sombra a los partidarios de Aquilán, lo cual aún complica más las cosas – comenta el soldado.
- Aquilán, ¿el mismo al que nuestro bien amado Wexes retiró del trono de Tol Éredom? – pregunta el burócrata de forma retórica e irónicamente, ya que está claro que conoce muy bien quién es Aquilán; hasta tú mismo conoces bien de quién se trata.
- Correcto amigo– remata el soldado – ese mismo que lidera el ejército rival con el que estamos combatiendo jajaja. ¡Larga vida a Wexes! – levanta la pinta de cerveza de nuevo y alza la voz mirando alrededor.
- Malditos silpas. Menos mal que no he tenido la mala suerte de cruzarme con ninguno en mi vida. Dicen que son criaturas desconcertantes. Que son capaces de controlar las mentes débiles penetrando en ellas y que, a pesar de no tener ojos ni vista como nosotros los entendemos, son perfectamente capaces de ver a través de sus esclavos mentales.
- Debes añadir que entre ellos se comunican a través del oscuro misterio de la telepatía – dice el soldado, que inmediatamente continúa su exposición -. Lo más preocupante no es su traición, que ya es bastante contratiempo. Wexes contrata a centenares de hombres-esclavo silpas como mercenarios para batallar en Valdesia contra los aquilanos, los silpas le exprimen los recursos y, cuando ya no hay mucho más que ordeñar a la vaca, rompen el acuerdo e invaden Sífrex. Con tantos frentes abiertos como tiene Wexes no le queda otra que asumir la situación. Dicen que los silpas han colonizado importantes zonas del oeste de Térragom que estaban carentes de civilización. Ya no son una nación menor y remota en las lejanas y frías islas Héladar. Tienen la vista puesta en Térragom y el viento les sopla favorable.
- Bueno, dejemos a los silpas que se me eriza la piel. Estamos hablando de cosas que están pasando muy lejos de aquí. Por Tirrana tenemos otros quehaceres – indica el burócrata.
- Efectivamente tenemos otros quehaceres, pero no olvides que estamos inmersos en una gran guerra. El tonto bastardo de Lord Rudolf, señor de Tirrana, juró fidelidad a Wexes arrastrando así a todo nuestro país a este embrollo de situación.
- No te quejes por ello, que nuestros sacos se repletan de oro con esta guerra jaja – alega el burócrata.
- Visto así es verdad. El caso es que, por acabar con el estado del frente en Valdesia, al parecer Tallarán y Tarros apoyan en la sombra a los partidarios de Aquilán, lo cual aún complica más las cosas – comenta el soldado.
- Aquilán, ¿el mismo al que nuestro bien amado Wexes retiró del trono de Tol Éredom? – pregunta el burócrata de forma retórica e irónicamente, ya que está claro que conoce muy bien quién es Aquilán; hasta tú mismo conoces bien de quién se trata.
- Correcto amigo– remata el soldado – ese mismo que lidera el ejército rival con el que estamos combatiendo jajaja. ¡Larga vida a Wexes! – levanta la pinta de cerveza de nuevo y alza la voz mirando alrededor.
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