SECCIÓN 139

Tu exceso de confianza te había llevado a cometer la imprudencia de no tomar precauciones ante el peligro del irascible corcel de guerra Segador, esos días en celo.

Una tremenda coz contra tu desprotegida mano, apoyada tras Segador en la pared de la cuadra, es todo lo que pasó en esas decisivas décimas de segundo. Sigue en la SECCIÓN 533.