SECCIÓN 167

Extracto de la conversación de los mercaderes…

- Veinte años después de la desaparición de su madre, hizo acto de presencia ocupando el sitial que corresponde a su familia, el heredero legítimo del asesinado Mexalas. Hablamos lógicamente de nuestro Emperador Wexes, su único y hasta entonces secreto hijo. Éste se había exiliado en paradero desconocido esperando el momento de reaparecer y contar las cosas tal y como realmente habían sucedido, exigiendo así la debida justicia. Su madre fue una concubina de Mexalas que había logrado escapar de la purga acompañada por unos cuantos nobles fieles. Estaba embarazada del Emperador asesinado y había logrado permanecer oculta junto con su hijo Wexes todo ese tiempo.

- Sigue Tíbur. ¿Qué pasó después? – pregunta inquieto el chico joven.

- Asegurándose el apoyo de tres casas nobles y de cinco divisiones del ejército fieles a su padre, Wexes se presentó por sorpresa en Tol Éredom sitiando la ciudad y reclamando su legítima presencia en el Consejo. Tras una inicial negativa de los usurpadores, Wexes comenzó una campaña propagandística en la que anunció su regreso y la denegación de su acceso al Consejo por parte de Aquilán y sus subalternos. Ante la presión social y el inicio de rumores que apuntaban a que Wexes y su linaje habían sido ultrajados por una conspiración, finalmente el Consejo de Tol Éredom accedió a dejar pasar al recién llegado y abortó su plan de aniquilación de éste y de sus tropas fieles por parte del ejército imperial. Según los asesores de Aquilán, lo último que les convenía era que Wexes se convirtiera en un mártir más de su linaje. La estrategia sería desacreditarle y negar su autenticidad, en lugar de eliminarlo y dejar la duda entre el pueblo y además dejar la puerta abierta a que algún otro descendiente oculto apareciera tras esperar su turno.

El boticario toma un segundo para beber un sorbo de su cantimplora y prosigue:

- Así pues, tras varios meses de espera y retraso, comienza finalmente una importante Asamblea del Consejo. Una reunión con gran repercusión mediática a lo largo y ancho del Imperio, pero también más allá de sus fronteras, debido a la gran difusión de rumores acerca de la llegada de un posible y desconocido descendiente directo del Dios Críxtenes a Tol Éredom. En esta Asamblea, Wexes requerirá la devolución del trono de Tol Éredom a cambio de no revelar la maquinación a la que había sido sometida su familia. Además, asegura la supervivencia de cuantos él considera conspiradores, que sólo pagarán con su expulsión del Consejo de la capital imperial.

- ¿Y entonces? – apunta el joven.

- Esta proposición inmediatamente fue rechazada por gran parte del Consejo, que se negó a aceptar que muchos de sus miembros fuesen expulsados del mismo. Eso delataría de cara al pueblo llano que algo habían tramado contra el Imperio. Su versión oficial fue que esta proposición era inconcebible puesto que los responsables de la muerte de Mexalas habían sido los hebritas, que ya habían pagado por ello. Sin embargo, parte de los consejeros sí estaban dispuestos a aceptar a Wexes como nuevo Emperador si demostraba que no era un impostor, probaba su linaje y respetaba sus sitiales en el Consejo. – comenta Tíbur.

- Jajajaja claro. Si respetaba sus sitiales en el Consejo, claro. Como siempre los nobles viendo cómo salvar su parte del pastel. Malditos bastardos interesados. – comenta el grueso Burt.

- Las exigencias de Wexes provocaron la ira de los conspiradores y sus aliados más cercanos, que por nada del mundo estaban dispuestos a la renuncia al trono del que proclamaban como legítimo sucesor de Críxtenes II: su sobrino Aquilán, primo de Mexalas. En sus proclamas, Wexes era considerado un simple estafador. Aunque seguramente intuían, en lo más hondo de sus corazones, que Wexes era el legítimo heredero, ya que su porte, sus rasgos y su educación delataban su estirpe. Así pues, de este importante decimonoveno cónclave celebrado en Tol Éredom hace nueve años, surgieron tres tendencias más o menos diferenciadas en la nobleza del Consejo gobernador del Imperio: la postura pro-Wexes, la facción pro-Aquilán que rechazaba de plano al nuevo llegado y la nobleza neutral que aceptaba a cualquiera de ambos si probaba que el contrario era un impostor y además mantenía su posición privilegiada – dice el boticario.

- Y eso se iría enmarañando cada vez más hasta que estalló, ¿cierto? – indica el comerciante gordo.

- Efectivamente. La cosa se fue complicando con los sucesivos consejos que se celebraron para encontrar una solución al importante problema sucesorio. Durante meses, las distintas posturas, en lugar de llegar a acuerdos o tratos de compromiso, fueron distanciándose entre sí de forma cada vez más clara hasta convertirse finalmente en irreconciliables hace siete años.  Desde ese momento la violencia es la que decide qué postura va a imponerse en esta guerra civil – acaba finalmente el erudito boticario con un semblante preocupado.




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