SECCIÓN 243
Despertaste horas después con tu mano izquierda flácida y sin sensibilidad. Fue muy extraña la sensación que recorrió tu cuerpo al ver la mano en esas condiciones. Había formado parte de ti durante toda tu vida, pero ahora apenas la reconocías como algo que alguna vez hubiera sido efectivamente tuya. Colgaba del extremo de tu brazo, pero parecía algo totalmente ajeno.
El caso es que han pasado los pertinentes días de convalecencia y recuperación del trauma en las estancias del físico hasta que por fin ha llegado el momento de reconectar con tu obligación. Te sientes afortunado por habérsete atendido de tus heridas. Se escucha que en otros feudos los señores ni se preocupan de ello. Hay muchos brazos listos para el trabajo diario por una simple comida y lecho, así que no les merece la pena invertir esfuerzos en los tullidos.
Así pues, resignado a tu discapacidad pero agradecido a tu suerte, en esta mañana de inicios de diciembre bajas de nuevo a las cuadras y te diriges a Boller, uno de los capataces, para que éste te ordene tus tareas. Sigue en la SECCIÓN 414.
El caso es que han pasado los pertinentes días de convalecencia y recuperación del trauma en las estancias del físico hasta que por fin ha llegado el momento de reconectar con tu obligación. Te sientes afortunado por habérsete atendido de tus heridas. Se escucha que en otros feudos los señores ni se preocupan de ello. Hay muchos brazos listos para el trabajo diario por una simple comida y lecho, así que no les merece la pena invertir esfuerzos en los tullidos.
Así pues, resignado a tu discapacidad pero agradecido a tu suerte, en esta mañana de inicios de diciembre bajas de nuevo a las cuadras y te diriges a Boller, uno de los capataces, para que éste te ordene tus tareas. Sigue en la SECCIÓN 414.