SECCIÓN 293

Extracto de la conversación con Viejo Bill…

- Bueno, entonces dices que nuestro Emperador Wexes lo tiene difícil ¿no? – dice Willem Gruff con su habitual tono vivaz.

- Efectivamente Pequeño Gruff. No me gustaría estar en la piel de Wexes. En Valdesia acaba de ser traicionado por los silpas. Dicen que allí se ha perdido la región de Sífrex. – informa Viejo Bill

- Malditos silpas. Menos mal que no he tenido la mala fortuna de cruzarme con ninguno en mi vida. Dicen que son criaturas desconcertantes. Que son capaces de controlar a las mentes débiles penetrando en ellas y que a pesar de no tener ojos ni vista como nosotros los entendemos, son perfectamente capaces de ver a través de sus esclavos mentales – indica con los ojos muy abiertos Willem.

- Debes añadir que entre ellos se comunican a través del oscuro misterio de la telepatía – añades.

- Así es – confirma Viejo Bill – Y su vil traición es la siguiente: el Emperador Wexes contrata a centenares de hombres-esclavo de los silpas como mercenarios para batallar en Valdesia contra los aquilanos, los silpas le exprimen los recursos y, cuando ya no hay mucho más que ordeñar a la vaca, se desmarcan del acuerdo e invaden Sífrex unilateralmente. Con tantos frentes abiertos como tiene Wexes, no le queda otra que resignarse. Y esto no es ni mucho menos lo peor. Dicen que los silpas han colonizado importantes zonas del oeste de Térragom que estaban carentes de civilización. Ya no son una nación menor y remota en las lejanas y frías islas Héladar. Tienen la vista puesta en Térragom y el viento les sopla favorable.

- Bueno Viejo Bill, dejemos a los silpas que se me eriza la piel. Estamos hablando de cosas que están pasando muy lejos de aquí. Por Tirrana tenemos otros quehaceres – indicas nervioso.

- No olvides que Tirrana está inmersa en esa misma guerra. Lord Rudolf juró fidelidad a Wexes y eso lleva a nuestro país a su actual situación – replica Viejo Bill.

- Uff cierto… – suspiras.

- Además, por acabar con la vasta región de Valdesia, hay que añadir que los pequeños países de Tallarán y Tarros apoyan en la sombra a los partidarios de Aquilán, lo que complica allí aún más las cosas – indica Viejo Bill.

- Aquilán, ¿el mismo al que Wexes retiró del trono de Tol Éredom? – pregunta Willem.

- Correcto joven Gruff – remata Viejo Bill– ese mismo que lidera el ejército rival con el que estamos combatiendo. 

- Dices que Tallarán y Tarros apoyan en la sombra a los partidarios de Aquilán, pero Wexes en Valdesia cuenta con el apoyo encubierto de la orgullosa nación de Safia – apuntas tú recordando una conversación de hace unos días con el propio Viejo Bill.

- Eso parece – afirma el viejo -. A Safia, nación con la que históricamente hemos tenido tantos desencuentros, en estos momentos le interesa que Wexes oprima a los aquilanos en Valdesia y, por ende, a los nobles de Tallarán que los apoyan desde la sombra. No olvides que Safia está iracunda con Tallarán y mantiene una política diplomática hostil hacia esa tierra que antes formaba parte de su propia nación hasta que se sublevó y se convirtió en una región independiente.

- Pues vaya. No pinta bien la cosa en el frente de Valdesia. ¿Y qué nos dices del frente de Azâfia? – te interesas.

- En la sureña Azâfia – continúa Viejo Bill – la coalición aquilana ha tomado la ciudadela de Farnesio y de la nación de Hebria Wexes ya sólo conserva la aislada ciudad de Meribris al este. La fiel región wexiana de Réllerum tiene a los juvis enfrente atacando sin éxito a su ciudad portuaria de Díndan y, por otro lado, combate a la defensiva a los guerreros del desierto provenientes del Patriarcado de Sahitán. Los sahitanos unilateralmente habían entrado en la guerra viendo la ocasión de expandir sus dominios y su poder en Azâfia a costa del emperador contra las cuerdas, en una maniobra similar a la de los silpas en Valdesia y sin aliarse tampoco con los aquilanos.

- Ufff qué situación más complicada – dice Gruff.

- Creo que Wexes está valorando ceder a los sahitanos la ciudad del desierto llamada Casbrília a cambio de que los nómadas sáhatar del Patriarcado salgan de la guerra. Bastante tiene ya con enfrentar a los aquilanos. Los sáhatar y los silpas serán cuestiones a tratar más adelante por el Emperador si se salva la situación que ahora más urge – acaba su exposición el viejo aventurero.

- Definitivamente la cosa está muy difícil – suspira de nuevo Gruff.
- Y queda analizar la situación en nuestro frente, la región de Domos – continúa el viejo - 

- Venga, sigue asustándonos. ¿Qué tienes que contarnos sobre el frente de Domos? – dices inquieto.

- Como todo el mundo sabe, la amplia tierra de Domos supone el frente más importante e histórico de todo el conflicto. Las extensas regiones de Grobes y Hermia, que conforman el corazón de la alianza aquilana, han aunado sus fuerzas y embisten contra el sur, donde nosotros los tirranos así como los otros pueblos aliados del Imperio de Wexes (gomios, esvelios viejos y domios) les hacen frente – dice Viejo Bill.

- Un auténtico lío – indica Gruff.

- Y en estas llevamos desde hace seis años… - dice Viejo Bill, quien inmediatamente sigue explicando - No sé cuánto durará esto, ni qué bando se impondrá al final. Pero a muchas leguas de aquí, se suceden auténticas batallas campales día tras otro con aislados momentos de descanso aprovechados para el rearme y el relevo de tropas. Grandes casas nobiliarias han puesto sobre el tapiz a sus mejores hombres y luchan sin cuartel por cada valle, llano, montaña y ciudad que está a su paso. Ejércitos de miles de hombres se enfrentan a su muerte y los días y las noches se suceden sin que uno u otro bando consiga grandes progresos. Pensad, jóvenes amigos, que es en esta región donde la civilización está más arraigada y por tanto más desarrollada de toda Térragom. Importantes bastiones, castillos y ciudades se extienden por la gran llanura y significan plazas de estrategia extrema por los recursos que proveen a su poseedor.


- Ya, eso es cierto. Me encantaría ver alguna vez todos esos legendarios lugares – exclama entusiasmado Pequeño Gruff - Incluso hasta aquí, en Schattal, llegan historias de la guerra de vez en cuando. Recuerdo que fue muy comentada la batalla de Gríes, la capital de Grobes, hace unos cuantos años. ¿No es así?

- Hace cinco años en concreto – puntualiza Viejo Bill. – Y efectivamente fue una batalla mítica esta de Gríes, donde a duras penas la coalición grobana-hermia consiguió detener a la caballería gomia apoyada por nuestros afamados arqueros tirranos. Pero hay otras batallas destacadas como la que se produjo en los llanos de las inmediaciones de la ciudad de Gámen, en nuestra aliada Gomia, un año después de la anterior. O también la de Pilfalas, en el país de la aquilana Hermia, donde se produjeron cruentos combates hace tres años. Pero dichas ciudades no cambiaron de manos en ninguna de estas confrontaciones. Sólo en Kráton, en Ésveli Viejo, se produjo un largo asedio que se prolongó casi veinte meses finalizando con la toma de la ciudad por parte del ejército hermio hace dos años. Fue un gran logro para Aquilán y los suyos.

- ¿Y qué opinión tienes sobre lo que sucederá en este frente? – apuntas.

- Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero de lo que no hay duda es de que nadie discute la potencia y elevados recursos empleados por cada bando en este frente. Tampoco nadie pone en duda la igualdad manifiesta que han demostrado en el campo de batalla día tras día, durante años, dando lugar a pocos o ningún avance destacados como antes os he explicado. Así que creo que ninguno de los dos bandos teme perder el control de sus zonas de interior alejadas del frente, donde se encuentran los pulmones y corazón de sus respectivos engranajes militares – comenta Viejo Bill.

- ¿Y qué nos dices de los saqueos marítimos sobre Tirrus y Morallón por parte de embarcaciones ligeras de los juvis en estos últimos meses? La semana pasada nos hablaste de ellos –preguntas.

- Poca cosa amigos. Eso son minucias para mantener ocupadas a las retaguardias tirranas. Lo que sea será. Sólo el tiempo dictará sentencia. Por lo pronto hoy tengo que dejaros y abandonar vuestra grata compañía. Este viejo tiene quehaceres y debe marchar a casa.



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