SECCIÓN 444

Durante unos interminables minutos, te esfuerzas por espantar a las fieras acercando el fuego a la que en cada momento se acerca más a ti. Te mantienes sin bajar la guardia moviendo frenéticamente la antorcha e incluso chamuscando a uno de los lobos que ha decidido rebasar la distancia de seguridad para atacarte. El lobo comienza a gemir por el dolor tras contactar con la llama y huye de la escena buscando escapar del fuego. Sus compañeros reaccionan huyendo también y siguiendo al lobo que al parecer era el líder del grupo.

Te quedas parado intentando recuperar la respiración y sin dejar de empuñar la antorcha por si acaso. ¡Has salvado el pellejo! Un verdadero milagro… Ve a la SECCIÓN 261.