SECCIÓN 455
+ 7 días al contador de tiempo de tu ficha de PJ (no necesitas quitar comida de tu inventario mientras estés en la granja)
Una semana después, te levantas un día más en la granja y desayunas con los hermanos Gruff y el señor Uver. Éste último os dice que tiene noticias frescas y poco tranquilizadoras respecto del viaje de Wolmar, el hijo heredero de Lord Warnor de Gomia. Un viaje del que ya os había hablado hace unos cuantos días. Al parecer, se ha extendido la inquietante noticia de que Wolmar ha sido atacado y probablemente asesinado durante su travesía por el Camino del Paso al norte del bosque de Táblarom mientras venía con sus hombres en ayuda de Tirrana. La noticia es horrible y más aún si es cierto lo que cuentan: que los responsables de la muerte de Wolmar… ¡son soldados tirranos!
Una locura si se confirma que es cierto. ¿Cómo es posible que Tirrana agreda a su aliada Gomia precisamente cuando ésta venía en su ayuda frente al enemigo común aquilano? Acabáis el desayuno sin llegar a ninguna conclusión y deseando que todo sea un bulo.
El día transcurre sin novedades hasta que, a última hora de la tarde, tres caballeros ataviados con los emblemas de Lord Rudolf llegan al trote a la hacienda reclamando la presencia de los titulares de las tres familias. El señor Uver, el responsable Beldo Gruff y tu anciana madre acuden expectantes y precavidos.
- Venimos a reclamar lo que es de nuestro señor, el gran Lord Rudolf. Según consta en los registros de Sekelberg, el año pasado deberíais haber aportado dos quintos adicionales de tributos al tesoro regional, más los atrasos de anualidades anteriores. ¿Se puede saber a qué se debe esta rebeldía? - vocifera el más joven y orgulloso de los tres.
- Mi señor, hemos hecho cuanto hemos podido. Trabajamos con amor y dedicación estas queridas tierras, pero la sequía del año pasado no nos ha permitido contribuir como vuestra merced comenta. –Contesta Beldo Gruff encogiendo el lomo y con actitud sumisa.
- ¿Y tú quién eres idiota? – replica el joven altivo.
- Es el hijo mayor de Jofran, el viejo Gruff que la palmó hace unos años – apostilla el segundo caballero, un hombre de mediana edad y larga melena ondulada. – Con tu padre estos imprevistos en los tributos no se producían. Eres la deshonra de tu familia, ¡imbécil!
- Mis señores, tengan consideración con nosotros. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para cumplir este año con la obligación hacia nuestro bien amado y protector Lord – contesta con una voz temblorosa Beldo mientras tú escuchas la conversación y sigues trabajando la tierra a unos veinte metros de allí.
- Más te vale a ti y al resto. El Lord va a ser benevolente y sólo os exigirá esta vez que repongáis lo no aportado en años anteriores más toda la prestación obligatoria de éste, donde tendréis que incrementar la producción un quinto adicional – replica el más veterano de los tres, un soldado de la vieja guardia de la ciudad entrado en kilos pero de aspecto fiero y confiado.
Para gran sorpresa tuya, ¡conoces a ese hombre! Le habías ensillado el caballo en muchas ocasiones allí en las caballerizas del Lord. Así que avanzas hacia el grupo que está apostado en la cerca de la hacienda que da al camino.
- ¡Mi señor Uhler! Viví en las cuadras de nuestro señor Rudolf en Sekelberg cuidando de sus caballos desde mi niñez. Y a vos he ensillado el corcel con orgullo durante largos años. ¿Me recuerda? Le suplico que sea condescendiente con mi familia y amigos. Hemos hecho todo cuanto estaba en nuestras manos – dices mientras avanzas a pasos rápidos hacia el grupo.
- ¿Y quién es éste imbécil esta vez? – pregunta el joven altivo.
- Nadie señor, vayámonos. Esta escoria no se merece más de nuestro tiempo - contesta Uhler mientras esquiva tu desesperada mirada.
- Está bien. Tenéis cuatro meses para preparar las 280 coronas de oro que debéis al Lord o tendremos que ver cómo cobrar las deudas – el altivo joven sonríe de forma sucia mientras mira obscenamente a tu joven y bonita hermana.
La furia se apodera de ti. No puedes soportar el desprecio en el trato que estos soldados dispensan a tus seres queridos. Observas como Beldo asiente bajando la cabeza, el señor Uver mira a los cobradores con vista desafiante y tu madre suspira mientras una lágrima recorre su arrugado rostro castigado por la dura vida en el campo.
Pequeño Gruff te mira y te hace un gesto que entiendes al momento. Te está instando a atacar a los soldados. La furia está en su rostro y sabes que está dispuesto a todo.
Los soldados ríen y se disponen a ordenar a sus caballos que giren para marcharse. ¡Debes decidir qué hacer en estas décimas de segundo!
• Si crees que debes atacar a los recaudadores para defender el orgullo de tu gente y librarla de esta escoria, ve a la SECCIÓN 312.
• Si prefieres ser precavido y pensar otra forma de ayudar a tu familia a pagar su deuda, sigue en la SECCIÓN 554.
Una semana después, te levantas un día más en la granja y desayunas con los hermanos Gruff y el señor Uver. Éste último os dice que tiene noticias frescas y poco tranquilizadoras respecto del viaje de Wolmar, el hijo heredero de Lord Warnor de Gomia. Un viaje del que ya os había hablado hace unos cuantos días. Al parecer, se ha extendido la inquietante noticia de que Wolmar ha sido atacado y probablemente asesinado durante su travesía por el Camino del Paso al norte del bosque de Táblarom mientras venía con sus hombres en ayuda de Tirrana. La noticia es horrible y más aún si es cierto lo que cuentan: que los responsables de la muerte de Wolmar… ¡son soldados tirranos!
Una locura si se confirma que es cierto. ¿Cómo es posible que Tirrana agreda a su aliada Gomia precisamente cuando ésta venía en su ayuda frente al enemigo común aquilano? Acabáis el desayuno sin llegar a ninguna conclusión y deseando que todo sea un bulo.
El día transcurre sin novedades hasta que, a última hora de la tarde, tres caballeros ataviados con los emblemas de Lord Rudolf llegan al trote a la hacienda reclamando la presencia de los titulares de las tres familias. El señor Uver, el responsable Beldo Gruff y tu anciana madre acuden expectantes y precavidos.
- Venimos a reclamar lo que es de nuestro señor, el gran Lord Rudolf. Según consta en los registros de Sekelberg, el año pasado deberíais haber aportado dos quintos adicionales de tributos al tesoro regional, más los atrasos de anualidades anteriores. ¿Se puede saber a qué se debe esta rebeldía? - vocifera el más joven y orgulloso de los tres.
- Mi señor, hemos hecho cuanto hemos podido. Trabajamos con amor y dedicación estas queridas tierras, pero la sequía del año pasado no nos ha permitido contribuir como vuestra merced comenta. –Contesta Beldo Gruff encogiendo el lomo y con actitud sumisa.
- ¿Y tú quién eres idiota? – replica el joven altivo.
- Es el hijo mayor de Jofran, el viejo Gruff que la palmó hace unos años – apostilla el segundo caballero, un hombre de mediana edad y larga melena ondulada. – Con tu padre estos imprevistos en los tributos no se producían. Eres la deshonra de tu familia, ¡imbécil!
- Mis señores, tengan consideración con nosotros. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para cumplir este año con la obligación hacia nuestro bien amado y protector Lord – contesta con una voz temblorosa Beldo mientras tú escuchas la conversación y sigues trabajando la tierra a unos veinte metros de allí.
- Más te vale a ti y al resto. El Lord va a ser benevolente y sólo os exigirá esta vez que repongáis lo no aportado en años anteriores más toda la prestación obligatoria de éste, donde tendréis que incrementar la producción un quinto adicional – replica el más veterano de los tres, un soldado de la vieja guardia de la ciudad entrado en kilos pero de aspecto fiero y confiado.
Para gran sorpresa tuya, ¡conoces a ese hombre! Le habías ensillado el caballo en muchas ocasiones allí en las caballerizas del Lord. Así que avanzas hacia el grupo que está apostado en la cerca de la hacienda que da al camino.
- ¡Mi señor Uhler! Viví en las cuadras de nuestro señor Rudolf en Sekelberg cuidando de sus caballos desde mi niñez. Y a vos he ensillado el corcel con orgullo durante largos años. ¿Me recuerda? Le suplico que sea condescendiente con mi familia y amigos. Hemos hecho todo cuanto estaba en nuestras manos – dices mientras avanzas a pasos rápidos hacia el grupo.
- ¿Y quién es éste imbécil esta vez? – pregunta el joven altivo.
- Nadie señor, vayámonos. Esta escoria no se merece más de nuestro tiempo - contesta Uhler mientras esquiva tu desesperada mirada.
- Está bien. Tenéis cuatro meses para preparar las 280 coronas de oro que debéis al Lord o tendremos que ver cómo cobrar las deudas – el altivo joven sonríe de forma sucia mientras mira obscenamente a tu joven y bonita hermana.
La furia se apodera de ti. No puedes soportar el desprecio en el trato que estos soldados dispensan a tus seres queridos. Observas como Beldo asiente bajando la cabeza, el señor Uver mira a los cobradores con vista desafiante y tu madre suspira mientras una lágrima recorre su arrugado rostro castigado por la dura vida en el campo.
Pequeño Gruff te mira y te hace un gesto que entiendes al momento. Te está instando a atacar a los soldados. La furia está en su rostro y sabes que está dispuesto a todo.
Los soldados ríen y se disponen a ordenar a sus caballos que giren para marcharse. ¡Debes decidir qué hacer en estas décimas de segundo!
• Si crees que debes atacar a los recaudadores para defender el orgullo de tu gente y librarla de esta escoria, ve a la SECCIÓN 312.
• Si prefieres ser precavido y pensar otra forma de ayudar a tu familia a pagar su deuda, sigue en la SECCIÓN 554.