SECCIÓN 483
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Tras el lamentable encuentro con los cobradores de impuestos del Lord, todos tomáis consciencia de la situación mientras os sentáis entorno a la mesa de la casa un par de horas después. Fuera la noche ya está cerrada. Durante horas debatís las distintas alternativas que ahora se presentan.
Muchos jóvenes han sido alistados al ejército y hay familias que han emigrado huyendo de la guerra o buscando un mejor futuro aún a riesgo de ser descubiertas en su fuga y ser castigadas de forma contundente por abandonar las tierras a las que estaban adscritas. Un castigo que venía ya sea por los vigilantes de caminos del Imperio como por las otras familias de campesinos vinculados a las mismas tierras, que se veían perjudicados por su marcha ya que debían seguir alcanzando la misma producción sin ellos. El resultado final es que faltan brazos para lograr la producción fijada para cada propiedad de tierra y aun así había que agradecer que los últimos años el clima había acompañado salvo el año pasado.
Con estas cavilaciones, te viene a la cabeza el relato del boticario que conociste cuando abandonaste Sekelberg camino de la aldea y te cruzaste con un grupo de mercaderes. En concreto, recuerdas sus palabras acerca de la reforma agraria y fiscal unidas a la abolición de la esclavitud que instauró Críxtenes II y que Wexes ahora mantenía. Libertad a cambio de producción. Una espada de doble filo cuanto menos.
Todos van a sus humildes lechos para dormir y te quedas junto a la mesa con Pequeño Gruff. Os miráis diciendo que tenéis que intentar hacer algo para ayudar a vuestras familias. Finalmente os vais a la cama con el resto. Ya es hora de descansar del estrés acumulado.
Mientras das vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño, repasas de nuevo la situación. Habéis acabado con tres recaudadores de Lord Rudolf, pero siguen constando en los registros de Sekelberg las deudas de 280 CO que debe saldar la granja. Incluso si nadie ha visto nada y nunca se detectan los tres cadáveres enterrados, otros recaudadores volverán a visitar la granja en cuatro meses como máximo y ya no para dar el aviso de la deuda, sino para cobrársela de una u otra forma.
Finalmente, te sumerges en un intranquilo sueño.
Sigue en la SECCIÓN 497.
Tras el lamentable encuentro con los cobradores de impuestos del Lord, todos tomáis consciencia de la situación mientras os sentáis entorno a la mesa de la casa un par de horas después. Fuera la noche ya está cerrada. Durante horas debatís las distintas alternativas que ahora se presentan.
Muchos jóvenes han sido alistados al ejército y hay familias que han emigrado huyendo de la guerra o buscando un mejor futuro aún a riesgo de ser descubiertas en su fuga y ser castigadas de forma contundente por abandonar las tierras a las que estaban adscritas. Un castigo que venía ya sea por los vigilantes de caminos del Imperio como por las otras familias de campesinos vinculados a las mismas tierras, que se veían perjudicados por su marcha ya que debían seguir alcanzando la misma producción sin ellos. El resultado final es que faltan brazos para lograr la producción fijada para cada propiedad de tierra y aun así había que agradecer que los últimos años el clima había acompañado salvo el año pasado.
Con estas cavilaciones, te viene a la cabeza el relato del boticario que conociste cuando abandonaste Sekelberg camino de la aldea y te cruzaste con un grupo de mercaderes. En concreto, recuerdas sus palabras acerca de la reforma agraria y fiscal unidas a la abolición de la esclavitud que instauró Críxtenes II y que Wexes ahora mantenía. Libertad a cambio de producción. Una espada de doble filo cuanto menos.
Todos van a sus humildes lechos para dormir y te quedas junto a la mesa con Pequeño Gruff. Os miráis diciendo que tenéis que intentar hacer algo para ayudar a vuestras familias. Finalmente os vais a la cama con el resto. Ya es hora de descansar del estrés acumulado.
Mientras das vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño, repasas de nuevo la situación. Habéis acabado con tres recaudadores de Lord Rudolf, pero siguen constando en los registros de Sekelberg las deudas de 280 CO que debe saldar la granja. Incluso si nadie ha visto nada y nunca se detectan los tres cadáveres enterrados, otros recaudadores volverán a visitar la granja en cuatro meses como máximo y ya no para dar el aviso de la deuda, sino para cobrársela de una u otra forma.
Finalmente, te sumerges en un intranquilo sueño.
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