SECCIÓN 497

Al día siguiente, después de otra larga jornada de trabajo, Pequeño Gruff y tú regresáis a la aldea para evadiros con las charlas de Viejo Bill. Aunque últimamente lo habíais visto menos hablador y más nervioso, confiáis que hoy el viejo pueda contaros algo interesante que os permita desconectar de los problemas económicos que acechan a la granja.

Viejo Bill, un tanto nervioso como últimamente lo habéis notado, finalmente accede a narraros las venturas y desventuras del histórico Emperador Críxtenes II, abuelo del actual Emperador Wexes y artífice de la expulsión final de los Xún de las tierras de Domos. Posteriormente encumbrado a los altares de los Dioses, el respeto y la admiración causados por este estratega gobernador hicieron que nadie dudase de su liderazgo y que, durante los años de su mandato, por fin finalizaran las conspiraciones, intrigas, crímenes y traiciones en la corte de Tol Éredom. 

Pero, a mitad de relato, interrumpes a Viejo Bill, algo que nunca habías hecho de forma tan tajante. El rojo inunda tu cara. Tímidamente le comentas que la pasada noche te ha pasado por la cabeza la idea de cambiar para siempre el rumbo de tu vida, comenzar a vivir aventuras y conocer nuevos lugares con los que conseguir un mejor futuro para ti y para tu familia, que necesita ayuda económica urgente. Salir por primera vez de la región de Tirrus y ver mundo buscando una vida en la que tú fueras el protagonista de tu destino y no una simple marioneta en manos de terceros. Contra todo pronóstico, Viejo Bill no se enfada por la interrupción de su relato y te dedica una mirada penetrante. Inmediatamente te dice:

- Esperaba más pronto que tarde algo así en ti. Lo percibo cada día en tu mirada. Parece que estás viviendo tú mismo las historias que comparto con vosotros. También encuentro ese atisbo de aventurero en nuestro amigo Gruff – dice mirándoos a ambos.

- ¿Hay algo malo en eso? Me siento un tanto culpable. No es propio de un granjero – añade Gruff.

- A diferencia de muchos que podrán tacharos de locos, os comprendo y os animo a no hacer presos vuestros deseos y sueños a costa de las imposiciones de otros que, en su imposibilidad de tomar decisiones firmes y valientes, se acomodan en su posición y hacen que todos cuantos les rodeen sigan sus cobardes pasos.

- Me siento reconfortado por tus palabras Viejo Bill – dices esperanzado.- Eres un hombre poco común. En la aldea se comenta que estás un poco loco por todas las aventuras que has vivido. ¿Puedes contarnos algo al respecto? Me apetece mucho más que conocer las hazañas de emperadores muertos.

- Jajaja. Mi buen amigo. Eso que pides forma parte de una historia muy larga que no creo apropiada para hoy – contesta risueño e irónico el viejo – Pero tengo algo que puede aplacar vuestros deseos de prosperidad y aventuras. Prestad atención…

Sigue en la SECCIÓN 111.