SECCIÓN 538
Os encamináis prestos por la senda que avanza hacia el este, hasta que llegáis al camino principal de Sekelberg. Tomáis esa calzada, aunque esta vez en dirección norte, al encuentro del bosque de Táblarom. Si las indicaciones de Viejo Bill eran ciertas, os espera un día de trayecto hasta torcer al este y adentraros en el profundo bosque.
Hace un día un tanto nuboso con un sol que aparece a ratos discontinuos. No obstante, la temperatura es agradable como es de esperar en cualquier verano tirrano. Avanzáis con un silencio tenso y expectante, mientras observáis cómo paulatinamente el bosque va ganando terreno a la pradera. Cada vez más, el camino está bordeado de árboles, sobre todo en el lado este a vuestra derecha, aunque todavía no se trata de una arboleda muy frondosa. De pronto, Gruff rompe la calma silenciosa para preguntarte directamente:
- ¿Qué leñes contendrá ese misterioso cofre para que se tomen las molestias de esconderlo en un lugar tan recóndito?
- No lo sé Willem Gruff. Es intrigante. Y sobre todo me inquieta pensar en el papel que puede tener Viejo Bill en todo esto y en cuántos más cooperan en este asunto. Recuerda que habló de varios implicados que no se conocían entre sí.
- Pues que sepas que nosotros somos dos más que añadir a la lista – añade socarronamente tu amigo Gruff.
- Así es mozalbete – contestas con gesto cómplice -. Supongo que algo muy valioso debe estar metido dentro del cofre.
- Y lo bueno de todo es que debemos llevarlo con nosotros sin abrirlo jeje – dice Gruff.
- Encontrémoslo primero, que no es poca cosa. Me importa un comino qué haya dentro de él si logramos llevarlo a su destino y conseguimos la recompensa necesaria para salvar la deuda de nuestras familias.
- ¡Claro que sí! Lo lograremos – afirma optimista tu joven acompañante.
Sumergido en las dudas, desenrollas de nuevo el viejo mapa del bosque en el que vas a tener que encontrar ese maldito cofre. A saber con qué peligros te tendrás que enfrentar hasta encontrar esa aguja en el pajar...
Sigue en la SECCIÓN 373.
Hace un día un tanto nuboso con un sol que aparece a ratos discontinuos. No obstante, la temperatura es agradable como es de esperar en cualquier verano tirrano. Avanzáis con un silencio tenso y expectante, mientras observáis cómo paulatinamente el bosque va ganando terreno a la pradera. Cada vez más, el camino está bordeado de árboles, sobre todo en el lado este a vuestra derecha, aunque todavía no se trata de una arboleda muy frondosa. De pronto, Gruff rompe la calma silenciosa para preguntarte directamente:
- ¿Qué leñes contendrá ese misterioso cofre para que se tomen las molestias de esconderlo en un lugar tan recóndito?
- No lo sé Willem Gruff. Es intrigante. Y sobre todo me inquieta pensar en el papel que puede tener Viejo Bill en todo esto y en cuántos más cooperan en este asunto. Recuerda que habló de varios implicados que no se conocían entre sí.
- Pues que sepas que nosotros somos dos más que añadir a la lista – añade socarronamente tu amigo Gruff.
- Así es mozalbete – contestas con gesto cómplice -. Supongo que algo muy valioso debe estar metido dentro del cofre.
- Y lo bueno de todo es que debemos llevarlo con nosotros sin abrirlo jeje – dice Gruff.
- Encontrémoslo primero, que no es poca cosa. Me importa un comino qué haya dentro de él si logramos llevarlo a su destino y conseguimos la recompensa necesaria para salvar la deuda de nuestras familias.
- ¡Claro que sí! Lo lograremos – afirma optimista tu joven acompañante.
Sumergido en las dudas, desenrollas de nuevo el viejo mapa del bosque en el que vas a tener que encontrar ese maldito cofre. A saber con qué peligros te tendrás que enfrentar hasta encontrar esa aguja en el pajar...
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