SECCIÓN 554
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Optas por la opción más conservadora y quizás más inteligente, dada vuestra inferioridad en combate. Haces un gesto a Pequeño Gruff para que se calme y éste afortunadamente te hace caso. Ves cómo los tres soldados se marchan al galope entre risas posiblemente en dirección a otra granja con retrasos en los pagos.
Tras el lamentable encuentro con los cobradores de impuestos del Lord, todos tomáis consciencia de la situación mientras os sentáis entorno a la mesa de la casa un par de horas después. Fuera la noche ya está cerrada. Durante horas debatís las distintas alternativas que ahora se presentan.
Muchos jóvenes han sido alistados al ejército y hay familias que han emigrado huyendo de la guerra o buscando un mejor futuro aún a riesgo de ser descubiertas en su fuga y ser castigadas de forma contundente por abandonar las tierras a las que estaban adscritas. Un castigo que venía ya sea por los vigilantes de caminos del Imperio como por las otras familias de campesinos vinculados a las mismas tierras, que se veían perjudicados por su marcha ya que debían seguir alcanzando la misma producción sin ellos. El resultado final es que faltan brazos para lograr la producción fijada para cada propiedad de tierra y aun así había que agradecer que los últimos años el clima había acompañado salvo el año pasado.
Con estas cavilaciones, te viene a la cabeza el relato del boticario que conociste cuando abandonaste Sekelberg camino de la aldea y te cruzaste con un grupo de mercaderes. En concreto, recuerdas sus palabras acerca de la reforma agraria y fiscal unidas a la abolición de la esclavitud que instauró Críxtenes II y que Wexes ahora mantenía. Libertad a cambio de producción. Una espada de doble filo cuanto menos.
Todos van a sus humildes lechos para dormir y te quedas junto a la mesa con Pequeño Gruff. Os miráis diciendo que tenéis que intentar hacer algo para ayudar a vuestras familias. Finalmente os vais a la cama con el resto. Ya es hora de descansar del estrés acumulado.
Mientras das vueltas en la cama sin ser capaz de conciliar el sueño, piensas en las deudas de 280 CO que tiene la granja que harán que, en cuatro meses como máximo, volváis a tener la desagradable visita de estos cobradores de impuestos… y ya no para dar el aviso de la deuda, sino para cobrársela de una u otra forma.
Antes de conciliar el sueño, sientes en tu piel de nuevo el desprecio que Uhler (al que durante años habías ensillado el caballo) y sus acompañantes recaudadores os han dispensado. Te acuestas por la noche destrozado y cabizbajo, pero con algo nuevo que nunca antes habías sentido y que ahora despierta en ti: una seca sensación de frustración y un agrio trauma al echar la vista atrás y comprobar que durante toda tu vida no has pilotado tu destino sino que has sido víctima de él.
Sigue en la SECCIÓN 497.
Optas por la opción más conservadora y quizás más inteligente, dada vuestra inferioridad en combate. Haces un gesto a Pequeño Gruff para que se calme y éste afortunadamente te hace caso. Ves cómo los tres soldados se marchan al galope entre risas posiblemente en dirección a otra granja con retrasos en los pagos.
Tras el lamentable encuentro con los cobradores de impuestos del Lord, todos tomáis consciencia de la situación mientras os sentáis entorno a la mesa de la casa un par de horas después. Fuera la noche ya está cerrada. Durante horas debatís las distintas alternativas que ahora se presentan.
Muchos jóvenes han sido alistados al ejército y hay familias que han emigrado huyendo de la guerra o buscando un mejor futuro aún a riesgo de ser descubiertas en su fuga y ser castigadas de forma contundente por abandonar las tierras a las que estaban adscritas. Un castigo que venía ya sea por los vigilantes de caminos del Imperio como por las otras familias de campesinos vinculados a las mismas tierras, que se veían perjudicados por su marcha ya que debían seguir alcanzando la misma producción sin ellos. El resultado final es que faltan brazos para lograr la producción fijada para cada propiedad de tierra y aun así había que agradecer que los últimos años el clima había acompañado salvo el año pasado.
Con estas cavilaciones, te viene a la cabeza el relato del boticario que conociste cuando abandonaste Sekelberg camino de la aldea y te cruzaste con un grupo de mercaderes. En concreto, recuerdas sus palabras acerca de la reforma agraria y fiscal unidas a la abolición de la esclavitud que instauró Críxtenes II y que Wexes ahora mantenía. Libertad a cambio de producción. Una espada de doble filo cuanto menos.
Todos van a sus humildes lechos para dormir y te quedas junto a la mesa con Pequeño Gruff. Os miráis diciendo que tenéis que intentar hacer algo para ayudar a vuestras familias. Finalmente os vais a la cama con el resto. Ya es hora de descansar del estrés acumulado.
Mientras das vueltas en la cama sin ser capaz de conciliar el sueño, piensas en las deudas de 280 CO que tiene la granja que harán que, en cuatro meses como máximo, volváis a tener la desagradable visita de estos cobradores de impuestos… y ya no para dar el aviso de la deuda, sino para cobrársela de una u otra forma.
Antes de conciliar el sueño, sientes en tu piel de nuevo el desprecio que Uhler (al que durante años habías ensillado el caballo) y sus acompañantes recaudadores os han dispensado. Te acuestas por la noche destrozado y cabizbajo, pero con algo nuevo que nunca antes habías sentido y que ahora despierta en ti: una seca sensación de frustración y un agrio trauma al echar la vista atrás y comprobar que durante toda tu vida no has pilotado tu destino sino que has sido víctima de él.
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