SECCIÓN 566

+ 10 P. Exp

El encapuchado pide clemencia con una vocecilla aguda que delata que es un mozo de una edad similar a Gruff. Estás a punto de acabar con su vida pero una profunda lástima se apodera de ti al comprobar que se trata de un simple ladronzuelo, de aspecto pobre y famélico, al que habíais pillado in fraganti mientras había ido a vuestra granja a robar algunos tomates, hortalizas y un conejo, que ahora ves desparramados en el suelo.

Recuerdas tus míseros orígenes en las cuadras del Lord y decides perdonarle la vida. Paras a Gruff cuando llega dispuesto a embestir y atacar.

- No sé quién eres. Tampoco me importa. No es necesario que te quites la capucha. Prefiero no saberlo. En la aldea todos nos conocemos y prefiero que no vivas el mal trago de cruzarte con nosotros. Toma lo que has robado. El conejo no podrá revivir por mucho que nos empeñemos, así que llévalo contigo también. Pero no vuelvas a acercarte por nuestra granja o no seremos tan benevolentes la próxima vez, ya que no estás robando a gente pudiente sino más bien de similar condición a la tuya. ¡Así que largo! ¡Vete de aquí!
- Gracias señor…mmm gracias – marmulla el joven ladronzuelo mientras recoge a toda prisa su pobre botín y arranca a correr en dirección a la aldea.
Ya de regreso a la granja, durante la cena comentáis el percance con todos. El señor Uver comenta que cada vez son más frecuentes los pillajes y robos en la zona dada la inseguridad y el hambre provocadas por la guerra. Incluso se han visto algunos episodios de violencia con sangre. 
- Son tiempos complicados hijo – comenta tu madre -. Esperemos que Dios nos guarde en su amparo…

Apuráis la rica cena consistente en estofado de conejo con patatas y pronto os marcháis a dormir. Sigue en la SECCIÓN 97.