SECCIÓN 7
Tu conmoción te nubla la mente y la vista. No podrás recordar más tarde el aspecto, en esta mañana invernal, de las calles mal adoquinadas al pie de la colina arbolada que domina Sekelberg y sobre la que se asienta la pequeña fortaleza en la que has pasado gran parte de tu ya pasada existencia.
Aunque te parece muy lejana y difusa, a tu alrededor la vida transcurre como un día cualquiera. Sin ser consciente, atraviesas el barrio de los alfareros y su bulliciosa actividad, la plaza del Emperador Wexes donde hombres y mujeres circulan de camino a sus respectivas ocupaciones, el pequeño santuario domatista con sus portales siempre abiertos a los fieles y mendigos e incluso alcanzas el pequeño mercado del sur, donde mercaderes venidos principalmente de Tirrus muestran sus artículos, muchos de ellos importados a través del ahora peligroso mar de Juva.
Abres tu petate y descubres los pasteles allí ocultos. Coges mecánicamente uno de ellos y le das un bocado con la mirada fija al frente y la mente en blanco. Inmediatamente lo guardas porque quizás lo necesites más adelante para alimentarte. A pocos pasos de ti unos lugareños discuten sobre no se sabe qué hijo heredero de un señor del este que se encamina al frente de guerra en ayuda de Tirrana y el Imperio. No atiendes la conversación, como tampoco los gritos de un agitador montado sobre un barril a la puerta de una de las posadas de la ciudad. Un harapiento hombre delgado y de aspecto enfermizo vociferando un discurso, vacío de contenido pero emocionante por su exaltación, en el que clama por la salvación del decadente Imperio que pasa, según él, por la recuperación de la gloria y orgullo pasados que el Emperador Críxtenes le otorgó.
Tras un tiempo indeterminado, tal vez minutos tal vez horas, comienzas a tomar consciencia de tu nueva situación. Te das cuenta de que has estado vagando por las calles sin un destino claro y que ha llegado el momento de reaccionar.
• si decides acercarte al santuario domatista wexiano para buscar un sentido a tu situación, sigue en la SECCIÓN 17.
• si te diriges a la armería de Sekelberg para ver si comprar alguna arma o armadura, ve a las tablas de armas y armaduras estándar y luego regresa aquí.
• si te diriges al pequeño mercado del sur para ver si comprar alguno de los productos que allí se venden, ve a las tablas de objetos estándar y luego regresa aquí.
• si prefieres visitar la taberna cercana al barrio de los alfareros para averiguar qué se cuece en el pueblo, tomar algo o conversar con alguien, sigue en la SECCIÓN 11.
En caso de acudir a la armería o al mercado, los precios de las armas, armaduras y objetos son los que indican las tablas sin aplicar ningún modificador económico. Si compras algo recuerda añadirlo al inventario de tu ficha de PJ, así como restar el dinero correspondiente en dicha ficha.
Aunque te parece muy lejana y difusa, a tu alrededor la vida transcurre como un día cualquiera. Sin ser consciente, atraviesas el barrio de los alfareros y su bulliciosa actividad, la plaza del Emperador Wexes donde hombres y mujeres circulan de camino a sus respectivas ocupaciones, el pequeño santuario domatista con sus portales siempre abiertos a los fieles y mendigos e incluso alcanzas el pequeño mercado del sur, donde mercaderes venidos principalmente de Tirrus muestran sus artículos, muchos de ellos importados a través del ahora peligroso mar de Juva.
Abres tu petate y descubres los pasteles allí ocultos. Coges mecánicamente uno de ellos y le das un bocado con la mirada fija al frente y la mente en blanco. Inmediatamente lo guardas porque quizás lo necesites más adelante para alimentarte. A pocos pasos de ti unos lugareños discuten sobre no se sabe qué hijo heredero de un señor del este que se encamina al frente de guerra en ayuda de Tirrana y el Imperio. No atiendes la conversación, como tampoco los gritos de un agitador montado sobre un barril a la puerta de una de las posadas de la ciudad. Un harapiento hombre delgado y de aspecto enfermizo vociferando un discurso, vacío de contenido pero emocionante por su exaltación, en el que clama por la salvación del decadente Imperio que pasa, según él, por la recuperación de la gloria y orgullo pasados que el Emperador Críxtenes le otorgó.
Tras un tiempo indeterminado, tal vez minutos tal vez horas, comienzas a tomar consciencia de tu nueva situación. Te das cuenta de que has estado vagando por las calles sin un destino claro y que ha llegado el momento de reaccionar.
• si decides acercarte al santuario domatista wexiano para buscar un sentido a tu situación, sigue en la SECCIÓN 17.
• si te diriges a la armería de Sekelberg para ver si comprar alguna arma o armadura, ve a las tablas de armas y armaduras estándar y luego regresa aquí.
• si te diriges al pequeño mercado del sur para ver si comprar alguno de los productos que allí se venden, ve a las tablas de objetos estándar y luego regresa aquí.
• si prefieres visitar la taberna cercana al barrio de los alfareros para averiguar qué se cuece en el pueblo, tomar algo o conversar con alguien, sigue en la SECCIÓN 11.
En caso de acudir a la armería o al mercado, los precios de las armas, armaduras y objetos son los que indican las tablas sin aplicar ningún modificador económico. Si compras algo recuerda añadirlo al inventario de tu ficha de PJ, así como restar el dinero correspondiente en dicha ficha.
