SECCIÓN 498

Los viajeros te dicen que se dirigen a Tirrus, la capital de tu país Tirrana, a orillas del mar de Juva. Les indicas que para llegar a Tirrus antes deberán cruzar Sekelberg, la población de la que vienes y que encontrarán a varias horas de aquí si continúan la marcha.

Ellos a su vez te informan de que no hay novedades en el camino hasta la aldea de Schattal, desde donde han partido esta mañana al alba. Dicen ser pequeños comerciantes ambulantes que prefieren viajar en grupo por seguridad, dado el periodo de guerra en el que está sumido el Imperio Wexiano frente a la alianza de Aquilán.

Haces un pequeño descanso en tu marcha para tomar con ellos unos panecillos con pescado salado que amablemente te ofrecen. Mientras comes, escuchas las conversaciones de los comerciantes que acaban desembocando en el recordatorio del episodio de la muerte del Emperador Mexalas hace ya casi treinta años. Varios de ellos opinan que ahí se plantó la semilla que ha llevado al Imperio hasta la guerra en la que está inmerso hoy… 

Mexalas murió en su propio palacio por un veneno que una mano desconocida le sirvió en el plato y que los catadores no habían podido detectar. Los conspiradores deseaban eliminar del trono al Emperador caído en desgracia. Mexalas molestó a casas nobiliarias con mucho poder al optar por una línea continuista a la de su padre el Gran Emperador Críxtenes II, el victorioso y enérgico artífice de la expulsión final de las terribles hordas Xún del Este que habían invadido el Imperio poniéndolo al borde de su extinción.

Críxtenes II inició un profundo periodo de reformas que afectaron a los intereses de un grupo de casas nobiliarias. Durante los años de mandato del Gran Emperador, posteriormente convertido en deidad, se aplazaron las conspiraciones, intrigas, crímenes y traiciones que siempre han emponzoñado la Corte de Tol Éredom. Pero a su muerte, estas casas nobiliarias trataron de presionar a su hijo Mexalas para que diera marcha atrás en las reformas de su padre. Mexalas se negó y lo acabó pagando muy caro.

Una vez muerto Mexalas, los conspiradores proponen para el trono de Tol Eredom al sobrino de Críxtenes llamado Aquilán y culpan de la muerte de Mexalas a los hebritas, estallando entonces una guerra civil principalmente en los núcleos urbanos donde habitan hebritas, que son perseguidos a muerte por huestes improvisadas de civiles chipras y de gentes de los estratos bajos de la sociedad, fieles seguidores del linaje del Emperador Críxtenes II, a quien tratan como a un Dios. El alzamiento a las armas de los chipras coincidió con el verdadero nacimiento del Domatismo. En su doctrina originaria, incluía el exterminio en serie de la que consideraban la raza hereje, los hebritas, causantes oficiales de la muerte del hijo de su Dios. Incluirán posteriormente entre sus enemigos a muerte cualquier seguidor que abarque el Hebraísmo como fe o creencia. En definitiva, el domatismo es un arma en manos de los conspiradores para llevar a cabo sus planes, pero acabará tornándose en un arma de doble filo pues será precisamente esta devoción hacia el linaje de Críxtenes II lo que provocará el miedo en la facción golpista cuando toda la inmensa comunidad chipra se alíe contra ellos al descubrir su farsa.

Pero eso ocurrirá más adelante. De momento, con esta persecución intencionada y manipulada hacia los hebritas, el Consejo conspirador de Tol Éredom, además de colocar a un Emperador afín en el trono, realizó fuertes expropiaciones, multas y castigos a las propiedades de los mercantiles hebritas, permitiendo así incrementar de forma considerable sus fortunas y poderes personales. 

En este contexto, Aquilán (sobrino de Críxtenes II y uno de los máximos conspiradores) fue nombrado nuevo Emperador con el apoyo de todas las partes del Estado y gobernó siempre bajo la supervisión en las sombras de los conspiradores del Consejo. Con la siempre apariencia oficial de que ninguna reforma de Críxtenes II es eliminada (es más, se le había encumbrado al altar de los Dioses y creado una religión para tal efecto), el nuevo gobierno realizó progresivos cambios a lo largo de los años que permitieron, por medio de argucias, que el estado de las cosas en el Imperio regresara paulatinamente a los tiempos anteriores al periodo Reformista.

Si quieres profundizar en los entresijos de los acontecimientos resumidos en esta sección, puedes acceder a un extracto completo de la conversación de los mercaderes si haces clic aquí (no es imprescindible ir a ese enlace para el discurso de esta aventura, pero te ofrece un contexto más amplio de Térragom y de su historia reciente).

La conversación de los mercaderes continúa.